Allí
dejamos al pequeño mequetrefe. Se quedó como si nada, para mi que no
entendía muy bien qué estaba pasando. En realidad estaba en su salsa,
campo para correr y perros con los que jugar, y a los que acosar de vez en cuando. Por la noche llamé a Javier para preguntarle qué tal estaba. Me dijo que se había comido
toda la cena, signo indiscutible de que estaba bien, porque normalmente
el primer día ninguno prueba bocado. El mío está hecho de otro pasta. Ahora sólo falta que algún macho más chulo que él le lea la cartilla, y
así deje de creerse invencible. Nunca pensé que le echaría tanto de menos. Espero que no vuelva muy magullado.
con la cara listo que tiene y le llamas mequetrefe. Tutia
ResponderEliminar... Pues dónde has dejado a Unkas?
ResponderEliminarEstá en los campamentos...
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